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15 de mayo de 2016

Espaguetis para cenar




Imagina que eres programador de software. Te acaban de asignar a un nuevo proyecto. Te suenan los nombres de la Directora del Proyecto y de la mayor parte del personal técnico, eso es todo. El proyecto empieza el lunes que viene. Hoy es miércoles. Te llama por teléfono tu futura jefa. Está organizando una cena mañana por la noche, en su casa, para que los miembros de equipo se conozcan. No tienes planes para el jueves por la noche y quieres conocer a estas personas, así que te apuntas.


Cuando llegas, el grupo está sentado a la mesa del salón, bebiendo cervezas y contando batallitas. Te unes al grupo y cuentas un par de las tuyas. Está el responsable de la cuenta, que también ofrece algunas anécdotas acerca del jefe de departamento del cliente. Otra ronda de cervezas. 

¿Qué pasa con la cena? Ni huele a comida, ni hay nadie en a cocina. Tu futura jefa admite que no ha tenido tiempo de preparar la cena. Sugiere ir todos juntos al supermercado de la esquina para comprar lo necesario para preparar algo: “Podríamos improvisar unos espaguetis para cenar”.


El trabajo en equipo comienza



Allá vais todos. En el supermercado, camináis juntos por los pasillos. Nadie asume el liderazgo. Tu jefa parece tener un montón de cosas en la cabeza, menos la cena. Habla, ríe y cuenta otra historia sobre su último proyecto. A pesar de la falta de liderazgo, algunas cosas van cayendo en el carrito. Alguien ha decidido los ingredientes de la ensalada. Surge un debate sobre si preparar una salsa de almejas, como nadie se opone, dos futuros compañeros comienzan a hablar de los detalles. Tú decides contribuir con tu famoso pan de ajo. Alguien escoge una botella de Chianti. Algo más tarde, se decide por consenso que el carrito incluye todo lo necesario.

Ya de vuelta en la casa, descargáis las bolsas con comida y la jefa coge otra cerveza y se pone a hablar de la nueva herramienta de gestión de proyectos. Poco a poco, el grupo se va desplazando a la cocina y comienzan a trabajar. Tu jefa no ofrece ninguna directriz, pero se pone a cortar cebollas cuando alguien dice que hace falta. Tú fríes aceite y ajos en una sartén. La salsa ya está hirviendo, los espaguetis ya están cocidos. Gradualmente la cena va tomando cuerpo. Todos coméis hasta que estáis llenos y después os repartís las tareas de limpieza.


¿Qué ha pasado aquí?


Sin haber imputado una hora de esfuerzo al proyecto, acabáis de tener vuestro primer éxito como grupo. El éxito atrae al éxito, el trabajo en buena armonía atrae más trabajo en buena armonía.

Vuestras probabilidades de llegar a ser un equipo cohesionado han aumentado gracias a esta primera experiencia juntos. 

Planteado de esta manera, la cena parece un artificio de la Directora del Proyecto, pero probablemente no es así (seguramente no habrías sentido eso de haber estado allí). Si le hubieras preguntado a la Directora del Proyecto en cuestión qué tenía en mente esa tarde, habría respondido, honestamente: “Pues la cena

Un Director de Proyectos Eficaz posee una intuición inconsciente sobre lo que es bueno para el equipo. Esta intuición quizá le sirva para orientar muchas decisiones a lo largo del proyecto. Toda la experiencia del proyecto debería organizarse para lograr éxitos pequeños en grupo. Uno tiene que mirar dos veces para descubrir la mano del Director del Proyecto detrás. Simplemente parece ocurrir de forma natural. 

Todo el mundo conoce variaciones de la historia deespaguetis para cenar. Durante años nos han contado estas historias en diferentes formatos y con distintos Directores de Proyectos. El hilo conductor de estas historias es que los Directores de Proyectos Eficaces proporcionan oportunidades frecuentes para que el equipo tenga éxitos pronto. Estas oportunidades pueden tener forma de pequeños sub-proyectos piloto, demostraciones, simulaciones, algo que conduzca al equipo rápidamente hacia el hábito de tener éxito juntos. 

El mejor éxito es aquel en el que no hay un Director de Proyectos evidente, cuando el equipo trabaja como un grupo de expertos al mismo nivel. 

Los mejores Directores de Proyectos son aquellos que gestionan así una y otra vez, sin que los miembros del equipo sepan que están siendo gestionados. Los otros Directores de Proyecto piensan de ellos que tienen suerte. Todo parece salirles bien. Parece que adquieren personas con alto grado de afinidad entre ellas, que colaboran eficazmente en poco tiempo y se mantienen entusiastas hasta el final. A estos Directores de Proyecto nunca se les ve sudar. Parece tan fácil que nadie creería que de verdad están gestionando.


Este texto se ha traducido del libro:
Peopleware: Productive Projects and Teams
Tom DeMarco & Timothy Lister. Dorset House Publishing, 1998