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6 de septiembre de 2011

Gestionar Proyectos: Más Sociología y menos Tecnología


Los proyectos fracasan la mayoría de las veces no por la innovación tecnológica que suponen. ¡A veces, un proyecto fracasa sencillamente porque Pepe no se habla con Juan! La ausencia de “habilidades humanas” explica muchas veces el porqué de la imposibilidad de cerrar los requisitos, de superar las pruebas de aceptación, de la baja productividad, del excesivo retrabajo, retrasos, sobrecostes, etc. ¿No será la nuestra  una profesión donde la Sociología tiene más peso que la Tecnología?

Pocas profesiones hay más orientadas a objetivos que la del Director de Proyectos. Además, es extraordinariamente injusta, porque si el proyecto es un éxito nadie nos felicita, pero si es un fracaso, entonces la culpa es sólo nuestra. El inconveniente es que el trabajo del proyecto no cae en nuestra zona de control, sólo podemos coordinar lo que hacen otros.


Un Director de Proyectos eficaz ha de triunfar en este mundo interdependiente que es la sociedad del conocimiento. Los buenos Directores de Proyecto son ejemplos de eficacia personal, pero donde más brillan es en el ámbito de las victorias públicas. Son expertos negociadores, comunicadores, líderes, y nunca dejan de aprender. Pocos llegan a la eficacia con remedios rápidos, con trucos, manipulando, engañando. Generalmente, uno opina de ellos que son "buenas personas”. Tienen buen carácter, forjado con buenos hábitos. Ejercen un liderazgo no posicional, sino referencial, basado en principios: Son honestos, responsables, respetuosos, íntegros, humildes, dignos de confianza, pacientes, etc. Quizá no sean muy listos, pero es un gusto trabajar con ellos y para ellos. A lo mejor no dominan la tecnología aplicable, pero siempre conocen al experto a quien se debe preguntar. Cuando se trata de dirigir un proyecto complejo hacia el éxito, ¿alguien piensa que hay atajos? Cuando una empresa quiere que sus empleados acaben siendo buenos profesionales en gestión de proyectos, ¿alguien piensa que hay caminos rápidos en forma de herramientas, cursos, libros, certificaciones, etc.?

Cada proyecto es una experiencia muy especial. Generalmente, los proyectos no están determinados desde un principio. Muchas veces, el propio proyecto es un proceso de descubrimiento progresivo, replanificación y realineamiento. El desafío que suponen hace de ellos una experiencia colectiva de crecimiento. Después de vivir un proyecto retador, que produce un equipo sinérgico, uno ya no es el mismo. Estos proyectos nos marcan como personas, hay un antes y un después.
 
Si la experiencia del proyecto es penosa y desagradable, es seguro que el proyecto terminará tarde, mal y con sobrecoste. A los Directores de Proyectos nos juzgan por la consecución de objetivos, sí, pero en este oficio el camino es tan importante como el destino.
 
Para ser un Director de Proyectos eficaz, hay que aprender a disfrutar con la incertidumbre. Ha de aceptar lo que ocurra, pero involucrando a los demás y resolviendo juntos los problemas, de la manera más sabia.
 
Al participar en un proyecto importante, sobre todo al dirigirlo, hay que experimentarlo como persona completa:


  • Cuerpo: Seguir una disciplina férrea para ejecutar según el plan. Alinear objetivos y resultados.
  • Mente: Componer en la cabeza una imagen completa del proyecto y de todos sus detalles. Visualizar los resultados y la forma de alcanzarlos.
  • Corazón: Sembrar confianza en los miembros del equipo para que sepan de forma inequívoca lo que han de hacer por ellos mismos.
  • Espíritu: Sentir la contribución trascendente que significa el proyecto en el orden de las cosas.

Todo proyecto necesita un golpe de suerte, pero la suerte ocurre cuando estás conectado. Vive el proyecto que diriges de forma consciente. Si quieres obtener victorias públicas en tus proyectos, no te conformes con el camino más corto o fácil, elige camino más bello.

¿Cuál es el camino más bello al gestionar un proyecto? Ese que os haga crecer como personas completas, a los miembros del equipo y a ti.