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19 de enero de 2012

Piense en ganar/ganar

El cuarto hábito de Covey se titula: “Piense en ganar/ganar”, o también “ganar/ganar o no hay trato”. Las victorias públicas duraderas sólo pueden conseguirse desde el respeto por los intereses de los demás, pero también desde la determinación y el coraje para defender los propios. 

Cuando se les presenta un conflicto, las personas eficaces no piensan en ganar a costa del otro. En su lugar, tienen el hábito de ponerse a trabajar con la otra parte para buscar una solución, que saben que existe, en la que todos acaben ganando, y cuando esto no es posible, cuando en lo único que se está de acuerdo es en que no se está de acuerdo, prefieren abortar la negociación, antes que romper la buena relación.


La vida está llena de conflictos. Un conflicto se produce porque los intereses de dos partes son incompatibles. Ante cualquier conflicto entre oponentes, tendemos a pensar en términos del “paradigma de escasez”. Es decir, lo que uno gana, el otro lo pierde:
  • “Si tú ves tu programa favorito, yo no puedo ver el mío”. 
  • “Si pasamos la Navidad en casa de tus padres, en Año Nuevo tenemos que ir con los míos”. 
  • “Si contratamos un nuevo recurso, entonces habrá que despedir a Pepe”.

Las personas eficaces saben que los problemas no se resuelven tan fácilmente. Las soluciones rápidas, generalmente no son soluciones duraderas. Como dice Covey: “Cuando se trata de personas, deprisa es despacio y despacio es rápido”.

Las personas eficaces suelen afrontar los conflictos desde el “paradigma de la abundancia”. En la era del trabajador del conocimiento, donde sólo se dispone de información parcial, siempre hay una solución mejor a la que cada oponente pudiera llegar por separado. Generalmente, a esa solución se llega trabajando juntos, poniéndose al mismo lado de la mesa, con el problema enfrente. Así se obtienen soluciones eficaces y duraderas.

Además, de paso, se construyen buenas relaciones. Nada une tanto como resolver un conflicto en el que las dos partes salen beneficiadas. Las personas eficaces no temen a los conflictos. Más bien al contrario, ven los conflictos como oportunidades para sus victorias públicas.