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18 de enero de 2015

La esencia de la efectividad

A la hora de explicar los principios de la efectividad, Covey nos recordaba la fábula de la gallina de los huevos de oro de Esopo: Un granjero descubre que una de sus gallinas ha puesto un huevo de oro. Al día siguiente pone otro, y así sucesivamente. En su afán de “producir más con menos”, al granjero le parece que lo más eficaz es matar la gallina y recoger todos los huevos de una vez, no de uno en uno. Pero al sacrificar la gallina, lo que hizo fue destruir la capacidad de producción. Claramente se equivocó: Lo que tenía que haber hecho era cuidarla y alimentarla. 


La esencia de la efectividad en los sistemas naturales se basa en equilibrar la producción (P = los huevos de oro)  y la capacidad de producción (CP = la gallina que pone los huevos de oro). Uno recoge lo que siembra. Es la ley de la cosecha.


¿Alguna vez ha pensado lo ridículo que sería tratar de improvisar en una explotación agrícola? ¿Olvidarse de sembrar en primavera, holgazanear todo el verano y darse prisa en otoño para recoger la cosecha? El campo es un sistema natural. Uno hace el esfuerzo y el proceso sigue. Siempre se cosecha lo que se siembra; no hay ningún atajo.

Pensemos en el ejemplo de “estudiar para el examen”. A corto plazo, en un sistema social artificial como es la escuela, uno puede arreglárselas si aprende a manipular las reglas creadas por el hombre, a “jugar el juego”. En la mayoría de las interacciones humanas breves, se puede utilizar la ética de la personalidad para salir del paso y producir impresiones favorables mediante el encanto y la habilidad, fingiendo interesarse en los hobbies de las personas, etc. Hay técnicas rápidas y fáciles que pueden dar resultado en el corto plazo. Pero los rasgos secundarios en sí mismos no tienen ningún valor permanente en relaciones a largo plazo. Finalmente, si no hay una integridad profunda y una fuerza fundamental del carácter, los desafíos de la vida sacan a la superficie los verdaderos motivos, y el fracaso de las relaciones humanas reemplaza al éxito a corto plazo.

En última instancia, el principio es igualmente válido para la conducta y las relaciones humanas que juegan en los proyectos. Podemos decir que un proyecto también es un sistema natural. Hay un equipo que no se sabe si va a desarrollarse como tal. Hay un producto que no se sabe si va a estar a tiempo, en coste, con la funcionalidad requerida. Hay tantos factores que pueden influir en la consecución de los objetivos… La gestión de proyectos definitivamente no es una ciencia exacta. No podemos aspirar al tipo de control determinista y “cosificador” de la era industrial (las personas son piezas sustituibles). 

La efectividad duradera gestionando proyectos tiene mucho que ver con la efectividad basada en buenos hábitos de la que hablaba Covey. Además de producir entregables, debemos controlar que el proyecto va por buen camino, que si seguimos así cumpliremos los objetivos de gestión. Como Directores de Proyectos, matamos la gallina de los huevos de oro si quemamos al equipo por hacerles trabajar demasiadas horas extra sin remunerar, cuando despachamos sin la atención adecuada a un interesado, cuando hacemos que el cliente acepte un entregable que sabemos que no es correcto, cuando no buscamos las causas raíz de los problemas, cuando ignoramos los riesgos, etc.