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20 de diciembre de 2015

¿Cómo gestionarán proyectos nuestros hijos?


Como es bien sabido, el año de nacimiento nos permite etiquetar a una persona como baby boomer, generación X, Y o Z. Ejemplos clásicos de baby bommers son Steve Jobs, Bill Gates, etc., y quizá el ejemplo más típico de millenial (generación Y) sea el joven fundador de Facebook, Mark Zuckerberg. Pero como hoy en España es día electoral, los ejemplos inevitables son Mariano Rajoy como baby boomer, Pedro Sánchez generación X, y Albert Rivera generación Y.

Los que nacieron entre 1946 y 1964 forman parte de la generación baby boom. Los que nacimos entre los años 60 y comienzos de los 80 formamos parte de la generación X. Los miembros de la generación Y (también llamados millenials) nacieron entre los años 80 y comienzos de los 2000. Finalmente, pertenecen a la generación Z aquellos que nacieron entre mediados de los 90 y mediados de los 2000. Dicho de otra forma, los baby bommers tienen una media de edad de 60 años, los de generación X unos 45, los de geración Y unos 35 y los de generación Z tienen menos de 25. Los candidatos deben tener muy presente que hay más un millón y medio de nuevos votantes de la generación Z que votan hoy por primera vez.


Una vez tuve un shock generacional. A mi hija le regalamos una tablet cuando cumplió 7 años. Como veíamos que se dedicaba demasiado tiempo a jugar, su madre y yo decidimos instalarle aplicaciones educativas, como una para pintar mapas mentales, así podía hacer esquemas cuando estudiaba. Un día mientras estaba yo en un intermedio dando clase, me llega un mensaje de mi hija por Google Hangouts: “Hola papá, ya he terminado el esquema, mamá dice que me ha quedado genial!!” Yo le respondo: “Estupendo hija, cuando llegue a casa me lo enseñas”. Ella me responde “No, te lo mando”.

Les confieso que me quedé un poco perplejo. ¿Cómo me iba a enviar el esquema? ¿Exportaría el fichero desde la aplicación y me lo enviaría como anexo en un mensaje? ¿Supondría que yo había instalado la aplicación en mi teléfono y podría abrirlo en la nube? ¿Se habría instalado otra aplicación que yo no conocía para compartir y visualizar? A ver, que yo soy teleco, especialidad telemática, se supone que debo saber cómo se transmite la información ¿no? Pues bien, en menos de un minuto me llegó el esquema que había hecho mi hija. Efectivamente, le había quedado genial. ¿Cómo me lo envió?



Muchos de ustedes ya habrán adivinado cómo mi hija me envió su esquema: hizo una captura de pantalla en la tablet y compartió la imagen por Hangouts, ¡no podía ser más sencillo! ¿Por qué a mí no se me había ocurrido a la primera? Pues muy simple: creo que a mí no se me ocurrió, pero mi hija no tuvo ni que pensarlo, porque yo soy generación X y mi hija es generación Z.

Nosotros, project managers baby boomers y generación X, tenemos una gran diferencia con esta generación de nuestros hijos, la generación Z, y también con todos esos jóvenes de la generación Y con los que llevamos trabajando unos años: la principal diferencia es que ellos están permanentemente interconectados, pero no solamente en redes sociales, sino que también están habituados a usar herramientas colaborativas en los proyectos, para gestionar recursos, tareas, documentos, ideas, conversaciones, etc. Nosotros hemos visto nacer a Internet, pero para ellos Internet es tan natural como encender la luz o abrir un grifo.

Recuerdo que tuve otro shock generacional en el proyecto de voluntariado para desarrollar la página web de PMI Madrid. La página nos la tenía que montar un proveedor americano especializado en prestar este servicio a muchos capítulos del PMI. El equipo de voluntarios manteníamos reuniones por Skype con Mike, el project manager de esta empresa, que se conectaba desde Ohio, otro millenial.

Nos sorprendía mucho que Mike no manejara un Gantt para indicarnos el grado de avance, simplemente sacaba una lista de puntos y nos iba demostrando cómo iba quedando la web, o nos hacía preguntas para desbloquear los impedimentos que tenía la software factory en India, etc. Nos compartía su pantalla en la que veíamos cómo usaba Evernote, y cuando tomábamos decisiones las transformaba en notas con puntos claros sobre acciones y responsables. Cuando pedíamos cambios, veíamos cómo los priorizaba. Mike no nos enviaba después un acta de reunión, si acaso, nos compartía la nota de Evernote. Si a lo largo de la semana tenía alguna duda, no me enviaba un documento por email, sino que me preguntaba por Skype. Una vez Mike nos atendió por Skype ¡mientras iba de viaje en su coche! Con esta empresa teníamos un contrato que firmamos al principio, pero que nunca hizo falta consultarlo.


Más tarde aprendí que Mike estaba gestionando un proyecto 2.0, ese término ahora está muy de moda. La gestión tradicional basada en la planificación no aplicaba en aquel proyecto porque no era predictivo, sino adaptativo, y los métodos aplicables en estos casos se basan en la orientación al valor y responder a los cambios. Concretamente, Mike estaba usando la metodología SCRUM.

Como padres, no podemos prohibir que nuestros hijos estén permanentemente conectados con sus amigos. No sirve de nada controlarles los mensajes, o quitarles el teléfono. La tecnología web 2.0 no se va a “des-inventar”. Lo que debemos hacer es aprender a usar la tecnología para ponerles límites (control parental) si hace falta, y también para relacionarnos de esta forma con ellos.

Como project managers, tenemos la responsabilidad de aprender a usar la tecnología de comunicación más adecuada para cada proyecto y para cada grupo de interesados, y si el proyecto es adaptativo, también debemos usar la tecnología para colaborar de forma ágil, no solo intercambiando documentos por email. Los proyectos 2.0 son cada vez más frecuentes. En estos proyectos no se espera del project manager que simplemente siga los procesos y tome decisiones operativas. Ya no debe rendir cuentas solo al patrocinador que pone el área de operaciones, sino que tiene que rendir cuentas a varios comités de negocio, que necesitan estar permanentemente informados y no pueden esperar una semana para el informe de seguimiento.

Mucho cuidado aquí con los shocks generacionales porque muchos de esos directivos, a los que tenemos que rendir cuentas, son de la generación Y.