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16 de noviembre de 2011

Culpable de “teamicidio” Nº 6: Los plazos imposibles




A veces, imponer fechas límite ajustadas es desmotivador para el equipo. Por el contrario, imponer plazos ajustados pero no imposibles, muchas veces también constituye un desafío, una oportunidad para el logro conjunto y el desarrollo del equipo. 

Lo que nunca va a ayudar, sin embargo, es imponer plazos imposibles de cumplir.

Cuando el jefe dice: “Es imperativo que el proyecto finalice necesariamente tal día…” los miembros del equipo experimentados no lo pueden evitar: Levantan las cejas, cierran los ojos y suspiran. Ya han pasado por ello antes. Ya conocen la rutina.


A lo mejor los plazos imposibles funcionaron algún día. Quizá hubo alguna vez trabajadores tan inmaduros que realmente creían lo que oían, cuando el jefe decía que el proyecto “era importantiiiiiisimo que terminase en enero”, quizá simplemente lo aceptaban y se ponían a trabajar en serio. Quizás.

Pero esto ya no funciona así. Los miembros de tu equipo sabrán si les estás enredando. Si dices que es importantiiiiiisimo que el producto sea entregado en una determinada fecha, te preguntarán: ¿Por qué? ¿Qué pasará si terminamos tarde? ¿El cliente va a aplicar penalizaciones? ¿Va a quebrar la empresa?  ¿Nos llevarán a juicio? 

El cuento de siempre con los plazos imposibles va siempre así: El jefe anuncia que el proyecto es importantísimo que termine en una determinada fecha. La fecha propuesta es imposible de cumplir, todo el mundo lo sabe. El proyecto por supuesto sufrirá retraso. ¿Cuánto retraso? Siempre mucho, no había margen.

El proyecto se ha planteado de tal manera que el éxito es imposible. El mensaje para los miembros del equipo es claro: No le importas al jefe. El jefe no te respeta. El jefe cree que sólo te dedicas en serio bajo presión. 

No esperen un equipo cohesionado y sinérgico en ese proyecto. 


Este texto se ha traducido del libro:
Peopleware: Productive Projects and Teams
Tom DeMarco & Timothy Lister. Dorset House Publishing, 1998